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Una Breve Historia de los Abruzos

(Desde la prehistoria hasta la Edad Moderna)

Primera edición en español, Traducida por Horacio F. Maximino, Rosario (R. Argentina) - Febrero de 2003
Extraída de ENRICO ABBATE, "Guida dell'Abruzzo" - Roma 1903 y traducida al inglés por Abruzzo 2000
A: Josefina T. Elgarte y Nelly M. Couso
Con afecto y gratitud

PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN EN ESPAÑOL
Abruzzo 2000 realizó una selección de temas de la obra original "Guida dell'Abruzzo" de Enrico Abbate publicada en italiano y los tradujo al inglés. Ese material se encuentra en el sitio que la organización posee en Internet. A partir del texto en inglés me involucré en la tarea de traducirlo para que también lo disfrute el mundo de habla hispana. Si bien el original está escrito en primera persona del plural (nosotros), presumiblemente porque el autor lo concibió para los oriundos de los Abruzos, la versión en español está impersonalizada a fin de que se cumpla mi objetivo de llegar al "mundo de habla hispana", sin considerar su origen, la necesidad de leerlo o de utilizarlo.

No pude contar a tiempo con el texto en italiano para esclarecer algunos aspectos contradictorios sobre los cuales hay notas aclaratorias. De lograrlo, concretaré ediciones posteriores. Los fragmentos en latín de los antiquísimos escritores fueron traducidos al italiano y luego al español. En principio dudé entre respetar el idioma original e incluir su traducción en las notas o incluirlos traducidos en el texto. Opté por la segunda posibilidad para que permitan una lectura más fluida mientras que en las notas se encuentran en latín.

La realización de este trabajo requirió de una extensa tarea de investigación previa puesto que no fue sencillo encontrar los nombres tribales en español y los datos biográficos de los personajes que actuaron durante el auge romano. Aún así, quedan algunos sobre los cuales hallar alguna información relacionada con sus vidas y actuaciones. Las palabras en bastardilla son términos que provienen del latín y corresponden a algunos de los nombres tribales, a ríos, poblaciones o montañas, tal como fueron denominados por los antiguos historiadores y geógrafos y no siempre tienen un equivalente en español.

Horacio F. Maximino
Febrero de 2003

AGRADECIMIENTOS
    A la Dra. Elena Tardonato Faliere
  • Profesora de Literatura Contemporánea y de italiano en la Universidad Nacional de Rosario (R. Argentina).
  • Profesora de Literatura Medieval y Contemporánea en el Profesorado Nacional de Lengua Italiana del Instituto Dante Alighieri de Rosario.
  • Autora de numerosos ensayos y traducciones publicados por diferentes editoriales.
  • Becada por universidades de España, Italia, Brasil y Estados Unidos de Norteamérica para exponer sobre literatura contemporánea.
  • Entrañable e incondicional amiga y catedrática que tradujo al español los fragmentos de Tito Livio, Silio Itálico, Horacio, Virgilio, Ovidio y Marcial a partir de la versión en italiano realizada por Sabina Petrella.
  • Lectora incansable de la versión completa en español para introducirle las correcciones necesarias y que siempre estuvo disponible para traducirme fragmentos del italiano al español que forman parte de las notas aclaratorias.

    A la profesora Sabina Petrella

  • Profesora de letras italianas en los Institutos de Enseñanza Superior de Italia.
  • En el marco de la promoción cultural del Ministerio de Relaciones Exteriores italiano trabajó como lectora de lengua italiana en la Universidad Nacional de Rosario (R. Argentina) entre 1993 y 1997, en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Tegucigalpa) entre 1997 y 1999 y en la Universidad de Extremadura (España) desde 2000 hasta la actualidad.
  • Gentilmente tradujo del latín al italiano los fragmentos de Tito Livio, Silio Itálico, Horacio, Virgilio, Ovidio y Marcial en Extremadura y con quien mantuve comunicación constante durante el tiempo que dediqué a este trabajo.

    A la traductora Patricia Allen

  • Traductora de inglés y profesora del idioma en la Universidad Nacional de Rosario (R. Argentina) y en la Pontificia Universidad Católica Argentina -sede Rosario-.
  • Además de compartir conmigo veintitrés años y dos hijos -Patricio y Celina- verificó la traducción del inglés al español.


Capítulo I
El hombre prehistórico en los Abruzos
No existe ninguna duda acerca de la existencia del hombre prehistórico durante el primer período de la era cuaternaria. Seguramente éste presenció el majestuoso avance de los glaciares pero quizás su aparición es más antigua y podría retrotraerse a la era terciaria. A partir de numerosos descubrimientos parece que hubiera vivido en toda Europa luchando por su espacio en la naturaleza. Los hallazgos en piedra del período, elaborados por estos hombres primitivos, se han recuperado en las excavaciones junto con huesos de especies animales actualmente extinguidas y, tales elementos, permiten determinar los lugares y los períodos de los ancestros más antiguos de la región.

Debido a las características del territorio, en los Abruzos no existe ningún vestigio de palafitos entre los monumentos prehistóricos más importantes; sin embargo, muchos hallazgos litológicos muestran que la región fue habitada por el hombre en la época de la prehistoria.

Esta última se divide en cuatro períodos, que en conjunto se conocen como el arqueolítico , en los que el hombre vivió todas las etapas de la era glaciaria y coexistió con el oso de las cavernas (Ursus Spelaeus), el mamut (Elephas Primigenius), el rinoceronte (Rhinoceros Thicharinus) y el bisonte (Bison Europaeus); animales que, cuando la era glaciaria finalizó, emigraron a otros sitios o se extinguieron.

En este primer período, cuando todavía no había descubierto los metales, confeccionó elementos con materiales que tenía a su alcance; empleó entonces piedras, especialmente pedernales debido a que eran los más duros y, gracias a su forma, los mejores para construir objetos afilados. En el valle del río Vibrata, hacia el sur de Civitella del Tronto, una gran cantidad de tales objetos, típicos de la manufactura prehistórica, fueron hallados por Concezio Rosa quien describió extensamente su uso.

La cadena montañosa a la que pertenece la Montagna dei Fiori suministraba las piedras adecuadas; en la piedra caliza , de la cual está constituida la cadena, había amplias vetas silíceas con las que se hacían hachas, flechas y cuchillos. De las areniscas cretáceas que se encuentran en el valle del río Vomano, obtuvo las piedras para su fogón y para otros objetos. Los principales sitios donde se registran tales hallazgos son San Giuseppe, Ravigliano y Gabbiano en la Municipalidad de Corropoli (valle del río Vibrata) donde el Dr. Rosa encontró hachas ovales aplanadas, otras triangulares más grandes, cuchillos de perdernal blanquecino, hachas de arma muy primitivas que probablemente fueran utilizadas para batir manualmente puntas de flecha hechas con fragmentos de piromaca gris y que luego fueron terminadas para afilar el extremo y darles una forma oval y alargada, útil para cuchillos e instrumentos de corte.

Estos elementos pertenecen al comienzo del período arqueolítico, momento en el cual, por consiguiente, puede datarse la existencia del hombre prehistórico en el valle del río Vibrata.

Es indudable que entre las tribus migratorias que provinieron de Asia Central antes del período glaciario, muchas se desplazaron hacia el oeste y alcanzaron Europa Oriental desde donde avanzaron en diferentes direcciones. Algunas siguieron el valle del río Danubio; otras se dirigieron hacia el sur alejándose de los Alpes, continuaron luego hacia los países del Danubio y, desde allí, ganaron la costa norte del Adriático para establecerse en el amplio valle del río Po.

Los Apeninos, escasamente afectados por el clima del período glaciario, así como toda la región de los Abruzos que había emergido muy recientemente del amplio mar terciario, ofrecían una vida fácil y placentera. Las tribus encontraron en esta tierra todos los atributos necesarios para diseminarse a lo largo de la costa y en las desembocaduras de los grandes ríos que eran, en aquel momento, mucho más anchos que en la actualidad. Probablemente se asentaron en diferentes lugares y, a medida que la población crecía, algunos grupos se trasladaron aguas arriba siguiendo las márgenes de los ríos hacia las montañas para ir ocupando los valles.

Los primeros pobladores encontraron en el valle del río Vibrata condiciones muy favorables: fértiles tierras vírgenes, clima templado, humedad ambiental. Elaboraron hachas de arma, puntas de flecha y otros objetos. Al comienzo vivieron sin lugares permanentes o tan solo en simples cobertizos de ramas. Sin embargo, cuando comenzaron las nevadas y el período glaciario estos pobladores, que todavía no conocían el arte de construir viviendas, se refugiaron en las múltiples cavernas disponibles en las montañas de Civitella y en la Montagna dei Fiori de donde desalojaron a los osos y a las hienas.

El Dr. Rosa encontró cuarenta y cinco de estas cavernas en aquella zona; la mayoría de ellas estaban orientadas hacia el sur y pocas hacia el norte. En las últimas no hay vestigios del hombre prehistórico, mientras que en las primeras muchos elementos atestiguan su presencia. Asimismo, en períodos posteriores, las cavernas continuaron ofreciendo protección al hombre aún en la Edad del Metal y, cuando se desarrolló la agricultura, se transformaron en el refugio de los pastores hasta la era actual. Algunas de estas cavernas también fueron utilizadas por ermitaños en la era cristiana.

Los objetos de la Edad de Piedra encontrados en ellas están mejor terminados que los recuperados en las excavaciones. Junto con las hachas primitivas también se hallaron otros con punta y raederas que se utilizaban para la confección de ropa con pieles de animales para protegerse del frío.

Aunque también en la región hubo avance glaciario, es difícil establecer los períodos que generalmente se utilizan para dividir el arqueolítico ya que, gracias a las posiciones detalladas, fue posible que el hombre continuara viviendo en el lugar.

Los objetos hallados demuestran un progreso en la industria prehistórica merced a la introducción de nuevos materiales tales como hueso y cornamenta que, sin embargo, se encuentran en cantidades muy limitadas porque se degradaron más fácilmente que los de piedra. La mayoría de ellos se han encontrado en las cavernas, lo que demuestra que también en el tercer período del arqueolítico el hombre continuaba viviendo allí y lo hizo aún en el siguiente ya que incluso en esos lugares se han encontrado ornamentos típicos del último período. Del mismo modo se han hallado fragmentos de primitivos cacharros de cocina que prueban que el hombre prehistórico trabajó aquí la arcilla secándola primero bajo el sol y cociéndola luego.

Asimismo, hay vestigios del período neolítico en las cavernas de Salomone y de Sant'Angelo como herramientas de hueso y objetos de cocina perfeccionados. En aquel período el hombre abandonó las cavernas y comenzó a construir su vivienda al aire libre; construcciones que fueron encontradas por el Dr. Rosa sobre las colinas del valle del río Vibrata. Esto demuestra que, luego de abandonar las cavernas, aquellos habitantes no se trasladaron hacia las tierras bajas del valle que todavía estaban cubiertas por el agua; eligieron, en cambio, las partes altas y construyeron sus cobertizos entre las colinas de Corropoli, Controguerra y Colonnella. El Dr. Rosa halló doscientos tres de tales cobertizos y sobre sus pisos los restos de los elementos para la preparación de alimentos y de los utensilios empleados en la cocina.

Aún no se había descubierto ningún metal y el hombre continuaba utilizando la piedra para confeccionar sus objetos; sin embargo, éstos presentan un trabajo más perfeccionado. Desaparecen las hachas primitivas y surgen las pulidas, hay raederas y señalamientos decorados y también valvas con orificios, obviamente utilizadas como pendientes. Aparecen además, sierras y martillos, armas, elementos de pesca, puntas de flecha de muchas formas (ovales, triangulares y luniformes), lanzas y propulsores, así como numerosos objetos hechos con amasijo oscuro o negro compuesto de arcilla con el agregado de arena y cuarzo, vasijas altas, cuencos y recipientes grandes de fondo plano con los bordes curvados hacia afuera y asas hechas con adosado del mismo material o redondeadas y con orificios.

En ninguno de ellos hay vestigios de decoraciones como en otras partes de Europa; quizás se eligieron para otros materiales, por ejemplo: hueso o madera que se degradan más fácilmente.

La abundancia de armas halladas en varios de los lugares citados anteriormente y sus buenas condiciones condujo a los especialistas a creer que la gran cantidad excedía los requerimientos de la comunidad y a dirigir la atención hacia la existencia de cierta forma de comercio o intercambio con las tribus cercanas. Además de aquél de la población de Belvedere, el Dr. Rosa encontró once más de estos "talleres" que proporcionaron una gran cantidad de armas muy pequeñas.

Los monumentos arqueológicos de los períodos arqueolítico y neolítico son muy raros debido a que para las generaciones subsiguientes fue sencillo destruirlos; aunque no hay ninguna duda de que la totalidad de los Abruzos, no solamente el valle del río Vibrata, estuvo habitada por el hombre prehistórico. Se han registrado irregularmente otros asentamientos, si bien no se ha hecho ningún estudio hasta el momento. Poco se conoce del período posterior; es decir, de la Edad del Metal, que es importante para seguir al hombre en su progreso y describir su historia hasta el momento en que se encuentren disponibles documentos u otros hallazgos. Las excavaciones recientes en el área de Tortoreto han brindado vestigios de la civilización que empleó el metal en la región aunque todavía no hay evidencias suficientes para elaborar un estudio completo y tan solo se puede esperar que otros especialistas sigan el ejemplo del Dr. Concezio Rosa.

Capítulo II
Los primeros habitantes de los Abruzos
Hay muy poca información acerca del período más antiguo en el que numerosos pueblos habitaron los Abruzos antes de la expansión de Roma y no existe ninguna leyenda que hable sobre la primera migración de la raza humana al lugar. Los descubrimientos descriptos en el capítulo previo y realizados por Concenzio Rosa en el valle del río Vibrata entre Corropoli y Cassone, las tumbas prehistóricas cerca de Lama dei Peligni, los dólmenes que pueden encontrarse en una y otra parte -especialmente en las colinas orientales de las montañas de la Maiella- a los cuales el imaginario popular les dio nombres derivados de cuentos medievales legendarios, muestran la existencia de pueblos primitivos desaparecidos de la región al comienzo de la historia conocida de los períodos paleolítico y neolítico . Estos tempranos habitantes, cuyos primeros vestigios se encuentran en la zona de Tortoreto, partieron antes de que se desarrollara la agricultura y de que se descubriera la fusión de los metales.

Sin embargo, nada se conoce acerca de estos pobladores primitivos y la historia sólo puede comenzar cuando el hombre, agrupado en comunidades, desarrolla costumbres, una religión y una lengua. Aún en este último período [el neolítico] los hallazgos arqueológicos son muy escasos. La historia no puede demostrar qué razas habitaron los Abruzos, sólo pueden desarrollarse teorías. Hay dos corrientes básicas de pensamiento acerca de los primitivos habitantes civilizados de los Abruzos que se basan en la suposición de que los pueblos itálicos, más que los griegos o los egipcios, originaron la civilización romana.

Una teoría expresa que los primeros habitantes fueron los sabinos, ya sea nativos o provenientes de Asia, y acota que los pelasgos y los tirrenos eran un pueblo llamado con estos dos nombres diferentes, según el grado de civilización de cada uno.

La segunda teoría sigue la famosa aseveración del historiador romano Tito Livio :

"Antes de la soberanía romana, las fuerzas etruscas se extendían ampliamente por tierra y por mar"

y acepta que los etruscos fueron los primeros habitantes de Italia central y que los restos de las antiguas civilizaciones deben atribuirse a este pueblo.

Entre las dos teorías hay una hipótesis que vincula a ambas al señalar que en las áreas montañosas hubo aborígenes sabinos y en las zonas costeras etruscos y liburnos, conocidos por sus veloces barcos de vela.

Los sabinos podrían ser descendientes de los primeros habitantes de Italia central, denominados umbros en el norte (etimológicamente la palabra proviene del griego "ombros" e "imber" en latin que significa "diluvio"). Las diferentes tribus poderosas y guerreras que encontramos en el territorio en el albor de la civilización romana provienen de los sabinos y de los sabelios.

En el sur, estos primeros habitantes recibieron el nombre de oscos . Estos últimos también podrían haber sido los antecesores de muchos pueblos que ocuparon una parte amplia de Italia central y del sur.

Poco después del gran diluvio (que los griegos llamaron deucalione y también mencionado en la biblia) llegaron los enotrios para ocupar las tierras de las originarias tribus de los oscos; posteriormente, arribaron más pueblos y se denominaron aborígenes a los originarios umbros, oscos y enotrios en su conjunto; nombre que aún se da a los pueblos primitivos que provienen de Asia. Estos habitantes ancestrales de Italia central desde Campania a Lacio y al Mar Adriático, que ocuparon en una era muy remota una gran parte de la península, fueron derrotados más tarde por las tribus sabinas pero su lengua permaneció aún en períodos posteriores ya que la hablada por los cámpanos y los samnitas es de origen osco. No se sabe si permaneció pura o fue modificada por el sabélico puesto que todos los documentos escritos conocidos hasta ahora son posteriores a la conquista de los sabelios.

Con la ayuda de los petroglifos, entre ellos el encontrado por el profesor De Nino en las proximidades de Castel di Ieri (todavía no descifrado), se pueden establecer los límites dentro de los que se hablaba el osco; es decir, Campania, Samnio, Irpinia, Frentania y el norte de Apulia. Esta lengua, que está estrictamente vinculada y es similar al latin sin ser misteriosa como la de los etruscos, fue la que continuó hablándose en Italia central aún luego de la conquista romana y se la encuentra en las inscripciones de las monedas acuñadas por los samnitas en la región durante la Guerra Social .

Con todos estos nombres de pueblos y la tradición histórica incierta, proveniente principalmente de información insegura y de leyendas, la única certeza es la de que los pueblos que vivían en los Abruzos (cuando comenzaron los contactos con Roma) representaron una de las dos ramas del pueblo itálico. Tradicionalmente, el paso de la vida pastoral a la de la agricultura es atribuida al rey Italo, aunque ésta es otra versión de la fábula samnita cuando narra que sus labradores fueron los pioneros de las colonias. De manera similar, los nombres latinos más antiguos denominan trabajadores del campo a los sículos o sicanos.

Las dos ramas de los pueblos itálicos fueron los latinos y los umbros; de los últimos provienen los marsos, los samnitas y los oscos y, de ellos, todas las tribus que en tiempos históricos ocuparon los diferentes territorios de Italia central.

Los pueblos de los Abruzos
Las provincias que hoy se conocen en conjunto como los Abruzos no formaron originalmente una unidad política o etnográfica. El nombre Abruzos es la corrupción de una antigua palabra que deriva de la población praetuti cuya capital fue Interamnia (Teramo en la actualidad), aunque es incierto en qué momento de la historia se extendió y aplicó la denominación a los territorios circundantes.

Originalmente, el nombre del territorio correspondiente al actual de los Abruzos y de Molise se conoció como Samnio. Los pueblos itálicos que habitaron este amplio territorio ocuparon la totalidad de los actuales Abruzos y fueron circundados por los ecuos y hérnicos, sabinos y cámpanos. Se dividieron en tribus llamadas praetuti, vestinos, marrucinos, frentanos, pelignos y marsos. Su economía fue tanto agrícola como pastoral. El mar no los tentó a comerciar ni atrajo pueblos de otros sitios que podrían haberse establecido como colonias a lo largo de la costa: los puertos se adaptaban mejor para pescar que para comerciar.

Los primeros pueblos de los Abruzos debieron haber sido, seguramente, pequeños asentamientos que formaban comunidades políticas autónomas e incluían las tierras circundantes (el agro). Si existió una cultura originaria, pronto fue influenciada por poblaciones próximas más civilizadas como las colonias etruscas, los cámpanos o la Magna Grecia de donde vinieron otros colonizadores. Por ejemplo, Hadria (actualmente: Atri) fue fundada -o ya existía y fue ocupada- por una colonia etrusca. Durante siglos Roma procuró conquistar o apaciguar estas tribus incivilizadas que, posteriormente, le prestaron gran ayuda en sus futuras iniciativas.

Aún cuando se intente hablar sobre estos grupos en forma particular, no sólo es difícil rastrear sus historias separadas sino también identificar la zona que habitaron y los lugares de sus asentamientos. Sin embargo, se tratará de conciliar las opiniones históricas diferentes y contrastantes y de establecer, además, algunos puntos firmes sobre la base de los últimos descubrimientos.

Los adriani, los praetuti y los palmensi
En la actual provincia de Teramo había tres territorios distintos conocidos como Palmense, Praetutianum y Adrianum cuyas fronteras fueron el Adriático hacia el norte y el este, el río Tronto hacia el sur y el Macizo del Gran Sasso y el río Piomba hacia el oeste. Antes de la conquista romana estos territorios, aunque pequeños, fueron tres regiones diferentes e independientes agregadas con posterioridad por Augusto al territorio de los picenos. No obstante, aún debe establecerse la vinculación de estas poblaciones con los antiguos picenos del norte. Los pueblos que vivían en la actual provincia de Teramo y aquéllos que lo hacían al norte del río Tronto probablemente fueran bastante diferentes, aún cuando a menudo se los conoce bajo el nombre común de picenos.

Los palmensi, cuyo territorio fue denominado por una clase de vid llamada palme productora de un exquisito vino, ocuparon (de acuerdo con la topografía de Plinio ) la tierra ubicada hacia el sur del río Tronto siguiendo la costa del Adriático hasta el río Helvinus (actualmente Vibrata). Por lo tanto, estaban limitados por el Mar Adriático hacia el este, por los Apeninos hacia el oeste y hacia el norte por el río Tronto que los separaba de los picenos. Sobre la margen izquierda del río Truentus (hoy Tronto), poseían una población que Estrabón describe con el nombre de Civitas Truentina y Plinio lo hace con el nombre que proviene del río mismo: Truentum.

El río Helvinus -seguramente se trata del actual Vibrata- que fluye desde Garrufo hasta el mar, dividía el territorio de los palmensi del de los praetuti. Este último era más amplio y seguía por el norte la margen derecha del río Helvinus, el Agrum Palmense y el Agrum Asculanum ; hacia el sur el río Vomano con sus límites naturales en el Adriático hacia el este y la cadena principal de los Apeninos hacia el oeste con las montañas de Pizzo di Servo, Pizzo de Moscio, Montagna di Rosato y Valle Chiarina donde comenzaba el territorio de los sabinos. En la actualidad todos estos territorios corresponden a los distritos de Giulianova, Notaresco, Teramo, Montorio, Campli y Civitella del Tronto.

Pero ¿cuál es el origen del nombre Praetutious? Es incierto, como ya se dijo el territorio pudo haber recibido su nombre de la principal población que en la antigüedad se denominó Pretut.

Los praetuti, más allá del río Salinello (Salinum flumen), poseían en el interior una población llamada Beregra de la cual sólo se conoce, por cierto, que fue ocupada por una colonia romana bajo el régimen de Augusto. Se ignora dónde estaba situada, aunque algunos estudiosos piensan que era Garrufo, cerca de Nereto, otros la ubican en la llanura del Fano, mientras que, aún otros, la identifican con Bisegna o con Civitella del Tronto.

Otra población de los praetuti fue Castrum Novum que aparecía a 19 kilómetros de Truentum, a lo largo del Salaria, la que no fue -como el nombre Castrum sugiere- una mera ciudadela, sino una población; aunque nada se conoce acerca de su antiguo nombre o historia. En la Edad Media se denominó Castrum Divi Flaviani y en el siglo XV los habitantes fueron trasladados 5 kilómetros hacia el interior donde ahora se levanta Giulianova.

Sin embargo, la ciudad más importante de los praetuti fue Interamnia (actualmente Teramo), su capital, ubicada en la confluencia de los ríos Albula (hoy Vezzola) y Batinus (hoy Tordino).

En cuanto a los adriani concierne, su región era más angosta. El río Vomano (Vomanus fluvium), el terrible río del cual Silio Itálico dijo:

"Está Ancona no más vil en teñir de púrpura la lana que Sidón o Libia,
y está Hadria, bañada por el Vomano
y el inflexible portador del estandarde de la agreste Ascoli".
(Libro VIII)

La separaba hacia el norte de los praetuti y el río Matrino (hoy Piomba) la separaba de los vestinos con la cordillera de los Apeninos y el Gran Sasso hacia el sur y el oeste. De modo tal que este territorio solamente cubría los distritos de Astri y Bisenti. No obstante, es dudoso saber si estos eran también los límites de la antigua región de Hatriana antes de la ocupación romana. Quizá lo contrario sea cierto dado que Hadria, la única ciudad descripta en esta región por los antiguos geógrafos, era más antigua, tenía más población y era más importante que Interamnia de la que estaba a 24 kilómetros. Los habitantes de Hadria tenían un punto de comercio que, posteriormente, llegó a ser castillo y se denominó Matrinum o Macrinum Oppidum. Algunos estudiosos lo ubican en la desembocadura del río Piomba, otros sobre la margen del río Vomano donde en la actualidad está situada Scerne.

El territorio de los adriani también comprendía Mons Cunarus que, de acuerdo con Cluverius , era el monte Corno, el pico más alto del Gran Sasso.

Para resumir las historias de los adriani, los praetuti y los palmensi, debe decirse que nada se conoce antes de la ocupación romana, aparte de la ocupación de los umbros, de los sículos y de los liburnos y, posiblemente, de otras poblaciones denominadas pelasgos en conjunto y de las guerras entre todos estos pueblos y otras poblaciones más antiguas. El destino de los praetuti parece haberse decidido en 461 a.u.c. cuando Mario Curio Dentato derrotó a los sabinos por segunda vez y los samnitas aceptaron sus condiciones; pero la ocupación de Castrum y Hadria por los colonizadores romanos demuestra que, posiblemente, ocurrió antes que las anteriores. Los praetuti fueron aliados de los romanos contra Aníbal, quien quizá por esta razón saqueó el Agrum Praetutianum y el Adrianum. Para vengarse, los praetuti lucharon con coraje junto con los frentanos y los marrucinos contra los cartagineses y contribuyeron a la victoria del general romano Nerón en el río Metaurum (hoy Metauro o Metro).

Posteriormente, las devastaciones de la Guerra Social también alcanzaron Praetutium y, cuando los aliados itálicos obtuvieron la ciudadanía romana, los praetuti fueron incluidos con los picenos para traer votos hacia Roma. Luego de ello, una cantidad de familias nobles abandonaron Roma para vivir en Praetutium que ya había llegado a ser una parte de la República Romana, compartieron los primeros éxitos romanos y adoptaron la lengua y las costumbres romanas. De aquellas familias derivaron los nombres de muchas localidades actuales de este territorio.

Los vestinos
Al sur del territorio de los adriani, en los valles dominados por las montañas más altas de los Apeninos, se encontraba la región de los vestinos cuyas fronteras fueron: hacia el este la costa del Adriático hasta la actual Città Sant'Angelo; hacia el norte los ríos Vomano y Piomba más allá de los cuales estaba el territorio de los adriani; luego, siguiendo el río Matrino una corta distancia el Agrum Vestinum estaba separado del Agrum Adrianum por Bisenti y Colli y hacia el oste el Gran Sasso. Desde el pie de las colinas de esta cadena montañosa la frontera pasaba por Prifernum (Assergi) y Amiternum (San Vittorino) que pertenecían a los sabinos y, cruzando el río Aterno, continuaba hacia Furconium (Civita di Bagno) cerca de L'Aquila y de Aveia (Fossa) sobre el mismo río. A partir de aquí la frontera se orientaba hacia las montañas de Marsi a través de Rocca di Mezzo y de Rovere y nuevamente retomaba el río Aterno en Secinaro donde comenzaba el territorio de los marsos.

Luego, el territorio de los vestinos seguía la margen izquierda del río a lo largo de su curso hasta la localidad de Aterno. Por lo tanto, ocuparon todas las tierras comprendidas por las actuales áreas de Penne y L'Aquila. Son las provincias que con posterioridad, en el siglo IXX, se denominaron Abruzzo Ulteriore I y II.

Sin embargo, estas fueron las fronteras antes de la conquista romana, cuando los picenos llegaban sólo hasta el río Helvinus (actualmente Vibrata); mientras que después de la conquista romana, la totalidad del Agrum Vestinum fue integrado con el de los picenos.

Asimismo, el origen de los vestinos es desconocido. Estrabón, en su descripción, luego de citarlos junto con los marsos, los pelignos, los marrucinos y los frentanos, los unifica bajo una raza ancestral común: los samnitas. De acuerdo con él, su origen común fue probado por las comunicaciones frecuentes, las costumbres, las formas de gobierno y la religión similares. La corriente principal del pensamiento actual sigue a Estrabón al considerarlos provenientes de los umbro-samnitas de Italia central.

En cuanto a la etimología del nombre vestinos, no se citarán las teorías sin fundamento sino que todo se restringirá a las inscripciones y medallas que realizaron siguiendo, probablemente, los ejemplos de los adriani o de los latinos de los que obtuvieron lo mejor de su civilización y de su arte, dado que tales objetos no se encuentran entre otras poblaciones de los Apeninos. Es posible que el nombre derive del culto a Vesta, la diosa de la familia, cuyo templo estuvo originalmente en Alba antes que en Roma y cuyo culto los romanos y los sabelios tomaron probablemente del este.

Además de las medallas, una gran cantidad de inscripciones incluyen el nombre de Vesta y todavía puede verse una afuera de la puerta de la ciudad de Penne. No obstante, también se debe registrar la opinión de otros escritores que dicen que el nombre vestinos proviene de su posición entre los ríos Piomba y Aterno; es decir, de las palabras celtas ves (que significa río) y tin (que significa país). Por lo tanto, vestinos significaría "habitantes del país de las aguas" y se habrían originado a partir de los ilirios: poblaciones celtas que fueron los primeros habitantes de la costa del Adriático y que en períodos posteriores se desplazaron hacia el interior.

La historia de los vestinos, así como de las federaciones sabélicas cercanas, es muy misteriosa porque no existe ningún documento. No escribieron su nombre en la historia y sus guerras fueron confundidas con las de los marsos, los pelignos, los marrucinos y los frentanos que estaban en las proximidades y de quienes fueron siempre aliados y si no fuera por las guerras hoy quizá no se podría conocer nada sobre ellos. La primera fecha registrada en la historia es el año 430 a.C. cuando permanecieron aliados con los samnitas contra Roma. Pocos en cantidad y viviendo más en caseríos que en poblaciones, fueron valientes y guerreros. Vivían en las montañas y estaban protegidos por las características del terreno de la zona del Gran Sasso donde las acumulaciones de nieve, las rocas, los abismos, los torrentes y los bosques eran difíciles de cruzar. Estaban habituados a cazar animales y a cubrirse, como los marrucinos y los frentanos, con pieles de osos, abundantes en los Apeninos. Las armas de un samnita típico fueron una lanza liviana y una honda utilizadas para alcanzar pájaros en vuelo:

"No más vil la juventud vestina en la guerra arma el ejército,
después de haber estado en la cacería de aquellas feroces fieras
que pueblan tus peñascos oh Fiscello, y el verdeante Pinno,
con el tiempo iguala las hierbas de las praderas de Avella,
semejante a la juventud marrucina émula de los frentanos
arrastra el pueblo de Corfinio y de la gran Chieti.
Se dice que cada uno en la batalla llevará sus lanzas cortas
y la honda usada para matar pájaros en lo alto del cielo,
y cubren los torsos con las pieles obtenidas de los osos cazados."
(Silio Itálico - Libro VIII)

La alianza entre los vestinos y los samnitas preocupó tanto al pueblo romano y al senado que acentuaron la importancia de la guerra y dividieron las provincias entre los dos cónsules : el territorio de los vestinos fue dado a Décimo Junio Bruto quien, después de muchas batallas y saqueos, tras haber destruido las casas y quemado los campos, obligó a sus enemigos a enfrentarse con sus ejércitos a campo abierto donde fueron derrotados. Los vestinos se refugiaron en sus ciudadelas Cutina y Cingilia pero también allí fueron atacados y las ciudadelas sitiadas sin que recibieran ninguna ayuda de los samnitas. La siguiente información histórica que se dispone sobre ellos es un Tratado con Roma en el año 301 a.C. De allí en adelante los vestinos fueron fieles aliados de la República Romana.

Mientras se listaban las fuerzas de los aliados itálicos en el año 225 a.C., Polibio menciona a los vestinos y a su ejército formado por 20.000 soldados de a pié y 4.000 caballos. Fueron fieles a esta alianza y también ofrecieron ayuda, junto con los pueblos cercanos, en las guerras contra Aníbal hasta la famosa Guerra Social cuando se rebelaron para defender sus derechos naturales. No hay ninguna duda de que desde el comienzo de la Guerra Social se unieron a los marsos aunque su nombre se menciona solamente hacia la finalización de la guerra cuando los historiadores señalan que fueron derrotados y sometidos poco antes que sus otros confederados. Indudablemente, en aquel momento se les otorgó ciudadanía romana y, cuando los nuevos ciudadanos quedaron adscriptos a los diferentes pueblos romanos, los vestinos recibieron Quirina, tal como aparece en diferentes inscripciones encontradas en Penne.

El territorio fue incluído en la Cuarta Región de Augusto; aunque, en una división posterior, las áreas costeras fueron unidas al territorio de los picenos, las del interior (valle del río Aterno) con las de los sabinos y las de los pelignos en la provincia de Valeria.

Juvenal dice que los vestinos continuaron conservando su simplicidad y costumbres primitivas aún bajo el Imperio Romano. Silio Itlálico, ya citado, habla de ellos como una raza valiente, guerrera, que solía cazar en las escarpadas montañas que, seguramente, albergaban animales feroces. Las partes internas de su territorio estaban cubiertas con buenas pasturas y, según Plinio y Marcial , su queso fue muy apreciado en Roma.

Aunque prefirieron vivir en espacios abiertos, los siguientes centros están asociados a ellos y, seguramente, estos últimos se desarrollaron en tiempos romanos cuando, tras renunciar a su independencia política, fueron obligados a compartir su territorio con los colonizadores romanos y tuvieron que obedecer la severa autoridad del prefecto.

Plinio menciona cuatro ciudades de los vestinos. La más importante fue Pinna llamada Virentem (verde) a causa de los abundantes olivares y viñedos que cubrían las planicies y las colinas. Esta ciudad se levantaba donde hoy se encuentra Penne (provincia de Pescara). Hacia el sur, algo más lejos, había un manantial de aguas minerales denominado Acqua Ventina et Virium que fue muy apreciado y visitado en tiempos romanos. La segunda ciudad es Angulus, donde hoy se encuentra Città Sant'Angelo. Aternum, en la desembocadura del río del mismo nombre, hoy denominada Pescara, fue el puerto de los vestinos y el único en una larga distancia sobre la costa del Adriático, de modo tal que también fue utilizado por los marrucinos.

Otra ciudad mencionada por Plinio se levantaba más allá del río Salino; era la de los pleninensi o planiensi, registrada por Plinio entre las otras poblaciones del territorio de los picenos pero originalmente incluida en el de los vestinos. El verdadero nombre de esta población es incierto y también se desconoce la ubicación de su ciudad Plenina o Plania. Algunos historiadores consideran que podría identificarse con Pianella, situada entre los ríos Salino y Pescara, donde todavía pueden encontrarse muros muy antiguos.

Livio expresa que los vestinos, atacados por el cónsul Décimo Junio Bruto en 430 a.u.c., encontraron refugio en su ciudad fortificada de Cutina o Cytina que, posteriormente, fue conquistada. Dado que ningún otro historiador o geógrafo menciona esta ciudad, nada se conoce sobre su origen o historia. En cuanto a su ubicación, se cree que surgió en el sitio de la actual Civitaquana donde también hay ruinas antiguas. Si así fuera, podría haber sido una de las fortalezas que sirvieron para defender la frontera con los marrucinos y los frentanos.
Sin embargo, otras fuentes, ubican esta antigua ciudad cerca de Paganica (provincia de L'Aquila) y encuentran un vestigio del nombre Cutilia en una montaña cercana denominada Cuticchio, aunque éstas son sólo teorías.

Tampoco se posee mayor información sobre la otra fortaleza -Concilia-, también conquistada por el cónsul Décimo Junio Bruto, que tenía vista al territorio de los vestinos del lado que limitaba con los pueblos de los pelignos y de los marrucinos desde la posición ventajosa de Civita Aretenga -cerca de Navelli y Capestrano-. De ciertas ruinas encontradas allí, algunos historiadores han dicho que la fortaleza surgió en aquel lugar. A otros, en cambio, les agradaría ubicarla en Celiera: una pequeña población cerca de Penne.

Otra ciudad de los vestinos fue Aufina o Aufinum a cuyos habitantes Plinio denominó aufinates. Aufina se identifica en la actualidad con Ofena que se denominó Offene en la Edad Media y está situada cerca de Capestrano. En las proximidades de Ofena hay muchas ruinas que prueban antiguos asentamientos.

Otra ciudad fue Pitinum (Torre di Pitino), aproximadamente a 3 kilómetros hacia el norte de L'Aquila. Sobre el ramal de la carretera del Salaria que va desde Interocrea hacia Alba y Peltuinum, aún pueden verse las ruinas de esta última sobre una altiplanicie que se encuentra a 22 kilómetros de L'Aquila; más precisamente, entre Prata (Prata d'Ansidónia en la actualidad) y Castelnuovo. Cerca de Peltuinum también estaba Vicus Furfo donde hoy se encuentra Furfona.

También poseían Aveia (cerca de Fossa) y Frusterna (a 3 kilómetros de Aveia), aunque no se conoce si se trató de un poblado o de un simple oppidum que fue identificado con el territorio de Ocre. También se menciona Vicus Ofidius, donde hoy se encuentra Bazzano -que surgió en tiempos posteriores-, Vicus Pagnius (Bagno) y Vicus Sinitius entre San Demetrio y San Nicandro.

Otra población importante fue Prifernum, cerca de la actual Assergi, en el pie occidental del Gran Sasso en un lugar que actualmente se denomina Forno.

Furconium -de la cual no hay ninguna mención hecha por los antiguos geógrafos- fue un asentamiento que parece haber surgido cerca del templo de la diosa Feronia -diosa de los bosques- ubicado hacia el este del lugar donde a posteriori se construyó Monticchio a 5 kilómetros al este de L'Aquila y que hoy en día se conoce como Civita di Bagno. Se encontraron ruinas cerca de Bagno y parece haber sido una población importante sólo al comienzo de la Edad Media.

Los sabinos
No es sencillo establecer la ubicación geográfica exacta de este pueblo que ocupó parte de Lacio, parte de la actual provincia de Perugia y parte de los Abruzos. Estrabo, el historiador de Roma, señala:

" El territorio de los sabinos, situado entre el de los latinos y el de los umbros, se extiende hacia las montañas samnitas pero está más cerca de aquella parte de los Apeninos que limita con el de los vestinos, el de los pelignos y marsos y aún más. Los sabinos viven en un territorio muy estrecho que cubre una longitud de 1000 estadios (201 kilómetros) a partir del Tíber y de la pequeña población de Nomentum hasta llegar al de los vestinos".

Por otra parte, Dionisio de Halicarnaso , al citar al antiguo Catón , atribuía a la región de los sabinos una superficie menor al decir que ocupaban tierras a 280 estadios (56 kilómetros) de distancia del Mar Adriático y a 240 (48 kilómetros) del Mar Tirreno. Estas dos visiones diferentes pueden ser válidas, tanto una como otra, si se considera que la distancia establecida por Dionisio estaba referida al largo, en tanto que la citada por Estrabón consideraba el ancho. De allí que el territorio de los sabinos se comparó con la punta de una lanza que se extendía hacia el mar entre los ríos Tíber y Teverone. Estas son las fronteras más ciertas de esta región ubicada entre los Apeninos a lo largo de unos 160 kilómetros, circundada por territorios de los umbros, de los picenos, de los vestinos y de los marsos; mientras que el Tíber y el Aniene eran los límites naturales hacia Etruria y Lacio. Por lo tanto, este territorio comenzaba en la confluencia de los ríos Tiber y Aniene y seguía la margen derecha del Aniene hasta Varia (actualmente Vicovaro) para ingresar a la región de los ecuos. La frontera cruzaba el río Telonio o Salto que separaba a los sabinos de los marsos y, siguiendo la misma ribera, alcanzaba la actual localidad de Fossa ubicada a 13 kilómetros al este de L'Aquila. Luego, la jurisdicción de los sabinos involucraba a Foruli y Amiternum y, hacia el lado del mar, Falacrine -entre Cittareale y Amatrice- y Nursia (Norcia) hasta los Montes Sibillini. De este otro lado los sabinos lindaban con los umbros y con los picenos. Luego, la línea de la frontera retornaba hacia Roma siguiendo la margen izquierda del río Nar (actualmente Nera); sin embargo, dejaba a Narni y a Otricoli a los umbros y, posteriormente, seguía el Tiber hasta Fidene.

De este vasto territorio cruzado por los ríos Imella, Fabari, Allia y Velino sólo la cuenca del Velino quedó comprendida en el actual Abruzzo Ulteriore II donde hoy existen el distrito de Cittaducale y parte del distrito de L'Aquila: desde las nacientes del Velino en la zona de Cittaducale hasta los cañones montañosos de Esta o Lista.

Así, en los tiempos más remotos, el territorio de los sabinos estuvo ubicado en el norte de los Abruzos donde los Apeninos eran más empinados y más altos. En estas tierras montañosas, donde pueden encontrarse los picos más altos: Pizzo di Sevo, Terminillo, Maiella, se produjo el primer asentamiento de las antiguas tribus; probablemente, denominadas aborígenes y que dieron lugar a los sabinos guerreros.

Fueron uno de los pueblos más antiguos de Italia; tan antiguos que Estrabón los consideró nativos y, de ellos, descendieron muchas otras poblaciones itálicas. También fueron una tribu de los umbros ya que, de acuerdo con algunas fuentes, cruzaron a Italia desde las vecindades del río Sabi en Peonia -Iliria-, aunque a otros les hubiera agradado considerarlos como originarios de Esparta.

Su dios nacional era Sabo o Sabino, considerado el ancestro original. Tanto habían superpoblado su territorio inicialmente yermo que la historia de este pueblo es rica en nombres de tribus descendientes de él que se separaron a través de diferentes migraciones.

Los animales sagrados, según los antiguos historiadores, condujeron en sus migraciones a los sabinos jóvenes y sin hogar. De esta manera, se trasladaron y esparcieron en Lacio y en los territorios vecinos. Dado que estas tribus fueron muy guerreras, sometieron fácilmente a las poblaciones cercanas hasta que con el surgimiento de Roma, dos ciudades y dos civilizaciones emergentes (albanos, latinos y sabinos) se fusionaron en una para conquistar el mundo.

Desde los tiempos romanos más tempranos los sabinos fueron una población rica en guerreros, renombrada por su amor a las batallas, espíritu severo, firmeza y resistencia. Fortalecidos por trabajar y cultivar sus tierras, como los etruscos, podían guiar un arado y empuñar una espada. Vinculaban su antiguo origen con la veneración de los valores tradicionales y de las instituciones más puras. Ningún otro pueblo pudo emularlos en justicia, honestidad, amor por su tierra, parsimonia y modestia. Entre los antiguos, las mujeres sabinas fueron consideradas como modelos de honestidad y prudencia.

Valientes y guerreros, demostraron su coraje durante las largas guerras contra los romanos. A medida que Roma incrementaba su poder, se rompió la prolongada paz con los sabinos. Sin embargo, introdujeron en Roma sus hábitos patriarcales y guerreros y su carácter religioso quedó simbolizado en el rey Numa . Con la historia de la alianza de dos ciudades, una latina sobre la colina del Palatino y otra sabina sobre la del Quirinal y del Capitolino, demuestran en la leyenda y en la historia la importancia que tuvieron los sabinos montañeses en la fundación de Roma.

Antiguas historias tales como el rapto de las sabinas -que posiblemente señalan el momento de fusión de los dos pueblos-, la guerra que estalló entre ellos con la soberanía dividida entre Rómulo y Tacio , las leyes políticas y religiosas promulgadas por el rey Numa, seguramente pertenecen sólo a los sabinos que vivían en Lacio; mientras que aquéllos que permanecieron entre las montañas de los Abruzos no quedaron incluidos en la temprana historia de Roma. Con el crecimiento del nuevo estado, que llegó a ser poderoso y amenazante para sus vecinos durante el período de Tulio Hostilio , los sabinos de las montañas de los Abruzos declararon la guerra a los romanos. Fueron derrotados dos veces y obligados a una tregua que rompieron sólo para ser derrotados una tercera vez por el rey Anco Marcio . Acordaron nuevamente la paz con Roma pero esta amistad duró poco tiempo: antes de que Tarquinio el Viejo llegara a ser el rey de Lacio, se unieron a los etruscos para enfrentar a los romanos.

Cerca de Fidene hubo una terrible derrota seguida por una tregua de seis años. Finalmente, fueron vencidos por Tarquinio el Soberbio en Ereto y Fidene transformándose en súbditos y contribuyentes de los romanos.

Cuando los reyes fueron expulsados de Roma y los sabinos vieron la ciudad debilitada por las guerras con los etruscos, ellos las iniciaron nuevamente aunque la frecuencia de estas guerras creó devastación en los territorios sabinos. En 404 a.C, según Veleio Patérculo obtuvieron ciudadanía romana sin derecho al sufragio. Veintidos años más tarde, el mismo año en que una colonia sabina fue enviada a Benevento, obtuvieron ciudadanía completa. Sin embargo, Niebuhr no está tan seguro de ello. Durante los treinta años posteriores se crearon las tribus velina y quirina que involucraron a los sabinos que vivían en los alrededores de Velino y de Cure. Cicerón , en cambio, afirma que los sabinos fueron incluidos en la tribu campesina denominada sergia, una de las más antiguas de Roma. No toda la población sabina gozó de ciudadanía romana desde el comienzo.

Algunas ciudades quedaron bajo el régimen del prefecturado. Amiternum y los asentamientos de los territorios sabinos disfrutaron del mismo derecho debido a que ofrecieron su alianza a Escipión durante la guerra contra Cartago, aunque al dictador romano no se le permitió enrolar soldados de las tribus. Los sabinos no tomaron parte en la Guerra Social que vio sólo la participación de los marsos y de los samnitas quienes, sin embargo, tenían su origen en los sabinos. Tal fue la génesis de esta famosa nación que desde tiempo inmemorial ya estaba civilizada y, al ser obligada a aceptar la supremacía romana, no renunció a su antigua simplicidad ni cambió sus costumbres a tal punto que en los períodos más corruptos de la historia romana, mantuvieron una reputación de honestidad, primitiva sencillez y noble valentía.

Horacio dijo:
"Que si una mujer púdica es útil en parte en la casa,
y para su dulces hijos, como una sabina ..."
(Épodo II)

y en otra parte :
"En cambio se considera justo que la prole masculina
de los rústicos soldados cultivara la tierra con las zapas
sabélicas y cortara y transportara troncos
según el arbitrio de las severas madres..."
(Libro III - Oda VI)

Los sabinos gobernaron sus poblados más con sus austeras costumbres que con instituciones, más con ética que con leyes y apreciaron la simple vida campestre más que la desordenada y fácil vida en los poblados. Por estas razones los últimos fueron pocos en cantidad y pequeños en tamaño. La mayor parte de los habitantes estaba diseminada en caseríos y villas construidos en las cimas de las montañas. De acuerdo con las escasas memorias dejadas por los antiguos historiadores y geógrafos y con la evidencia de los recorridos habituales de viaje, los pequeños poblados y caseríos de los sabinos en los Abruzos fueron los que siguen.

En primer lugar, a un corto trecho de la margen izquierda del río Aterno en el extremo oriental de la región, tenían a Amiternum, una de las ciudades más antiguas de Italia y donde hoy se encuentra la localidad de San Vittorino. A poca distancia de Amiternum estaba Foruli, al comienzo de Vía Claudia Nuova y donde hoy se encuentra Civitatomassa.

A 3 kilómetros de Foruli, en las proximidades del río Imella, había otra población citada por Virgilio bajo el nombre de Casperia y por Silio Itálico como Casperula; aunque otras fuentes ubicaron aquel asentamiento fuera de los límites y exactamente en Aspra sobre la margen del río Aia entre Tivoli y Terni; otras, en la llanura denominada Presenzano e inclusive otras, quizá con más razón, en Crespiola o Crispiola, a poca distancia de L'Aquila.

Cerca de Amiternum tenían un caserío llamado Testrina o Cestrina, donde Catón consideró que estaba la antigua capital de este pueblo, identificado en el predio de un castillo de Vigliano en un lugar denominado Le Cisterne a 16 kilómetros de Interocrea y a 5 kilómetros de Foruli. Interocrea fue también una villa muy antigua; actualmente corresponde a Antrodoco. Forum Decii fue un lugar de intercambio comercial para los sabinos, situado donde hoy se encuentra Santa Croce, aproximadamente a 6 kilómetros de Bacugno.

Otro afamado emplazamiento, reconocido como el lugar de nacimiento del emperador Vespasiano, fue Falacrine (actualmente: Civitareale). Tres kilómetros al noroeste de Accumoli había otro caserío llamado Cose y, más cerca de Accumoli, uno llamado Badio.

Otra población importante fue Tiora, famosa junto con la cercana Matiena por un antiguo oráculo de Marte, que surgió donde ahora está Teora. En el actual valle de Sant'Anatolia se encuentra la antigua población de Lista, otrora capital de los aborígenes, posteriormente ocupada por los sabinos y que otros identifican, en cambio, como Lisciano. También existía Cotilia cuya fundación se remonta a los tiempos más antiguos de Italia, se encontraba algo más allá de la actual Cittaducale y no lejos de Paterno en un sitio que aún en el presente se denomina Cotilia.

Aparte de las ciudades y poblaciones descriptas, seguramente hubo más asentamientos en los Abruzos cuyos nombres nunca llegaron hasta nuestros días. Borghetto, un pequeño lugar cercano a Antrodoco fue, sin duda, habitado por los sabinos, tal como lo muestran los antiguos epígrafes encontrados allí. Especialmente en Amatrice aún hay ruinas de muros, una fortaleza y una calle cubierta que conducía hasta el río Castellano. Se pensó que esta aldea coincidía con la de los sabinos denominada Scaptia pero Plinio, cuando ésta ya se encontraba en ruinas, explicitó que se encontraba en Lacio.

Por último se citarán las montañas conocidas por los sabinos: en primer lugar los montes Fiscellus que Plinio ubicó en las nacientes del río Nar (Nera) y que aún hoy se denominan Fiscello en las municipalidades de Leonessa, Labbro, Morro y Piediluco donde se unen a la cadena montañosa Tetrici; los montes Gurgures en Poggio Bustone entre Reate (Rieti) y Leonessa donde las ovejas migraban hacia las pasturas de Apulia; el monte Severus descripto por Virgilio :

" (estaban) ... Aquéllos (que habitan) los ásperos peñascos
de Tetrica (hoy monte San Giovanni) y el monte Severo"
(Eneida - VII - Verso 713)

e identificado con las montañas de Cantalice, hoy Cima di Monte, monte Corno y Tilia, que se unen a los montes Fiscello sólo divididos por un valle y, en último término, el monte Tetricus -la montaña desolada- que parece tratarse del actual monte Terminillo.

Los pelignos
La región de los pelignos se encontraba circundada por fronteras naturales de ríos y montañas. Estaba ubicada en el centro rodeada, por un lado por los vestinos, los marsos y los samnitas y, por el otro, por los marrucinos y los frentanos. Hacia el norte quedaba limitada por el río Aterno y hacia el este por el río Sangro. Sobre las márgenes opuestas tanto del Aterno como del Sangro habitaban los vestinos y los frentanos, respectivamente.
Hacia el oeste y el sur, los Apeninos la separaban de los marsos y, en parte, de los samnitas; finalmente, las montañas de la Maiella eran la frontera con los marrucinos.

Desde el río Sangro, cerca de Castel di Saro, la línea fronteriza se dirigía hacia el oeste y seguía las montañas en dirección al empinado monte Ciarano o Argatone dejando incluidas las localidades de Scanno, Villalago y Cocullo; luego, a través de Forca Caruso -donde se construyó el Arco de Livia Augusta- la línea fronteriza continuaba hacia el norte a través de Gagliano y de Secinaro hasta el río Aterno. A partir de allí el límite atravesaba de norte a sur sobre las cimas de los montes Morrone y del macizo de la Maiella incluyendo las localidades de Pacentro, Campo di Giove y Palena; cambiando de dirección en Pizzoferrato alcanzaba nuevamente el río Sangro en Castel di Saro, citado al comienzo.

De acuerdo con estas fronteras, que surgen de las tres poblaciones unidas por la alianza Peligna; es decir: los Superequani, los Corfinienses y los Sulmonenses, así denominada a partir de sus tres ciudades principales y según las poblaciones lindantes, es evidente que los pelignos ocuparon los distritos de Sulmona, Popoli, Scanno, Pratola, Acciano y parte de Pescina. La región estaba circundada por altas montañas cubiertas por nieves la mayor parte del año y fue descripta por los antiguos como la más fría de todas.

Al respecto, Horacio escribió :
"... cuantas veces estaré al reparo de los rigores pelignos" (Oda 111.19)

y Ovidio , nacido en Sulmona, expresó :
"... de la gélida Sulmona, nuestra ciudad natal, oh germánico"

No obstante, en medio de estas montañas y cañones se extendía una admirable planicie externa al angosto valle y debajo de la altiplanicie de Cinquemiglia, que llegaba más allá de Corfinio circundada por altas montañas e irrigada por cuatro ríos: Gizio, Aterno, Sagittario y Vella o Avella. Probablemente esta planicie fue un lago en tiempos prehistóricos ya que los estudios etimológicos derivan el vocablo peligno del griego pelinè; es decir, fango, con una posible referencia al período de fangosidad de la región tras la retirada de las aguas. En tiempos antiguos esta parte fue ponderada por la vigorosa vegetación mientras que el lino, los vinos, los cereales, las olivas y la miel de los pelignos fueron enormemente apreciados.

Ovidio dijo :
"La fértil tierra de Cerere (el trigo) y mucho más que ésta
el campo sembrado de uvas da también Paladio (el olivo) que guarda el fruto.
(Amor - Libro II - Elegía 16)

Mientras que Marcial escribió :
"Esta vendimia no se hace durante las batallas pelignas,
y no nace esta uva en los campos de Tuscia."
(Libro I - Epigrama 26)

El territorio de los pelignos siempre debe haber sido importante como ruta de comunicación entre los diferentes pueblos de Italia central. El paso montañoso del monte Imeus (actualmente: Forca Caruso) permitió, por una parte, las comunicaciones entre los pelignos y los marsos y, por otra, el cañón del río Aterno o Intermonti ofrecía una vía de comunicación directa con el mar.

Los pelignos son los primeros habitantes del territorio que se conocen y, como los frentanos y los marrucinos fueron, según Estrabón, de raza samnita. Ovidio aceptó esta opinión al considerarlos descendientes de los sabinos quienes, en cambio, fueron los ancestros reconocidos de los samnitas.

Al respecto expresó :
"Y a tí con tus antepasados se te asigna, oh soldado peligno,
este cuarto dios para una u otra estirpe."

Aunque Niebhur los considera de origen ilirio, siguiendo la tradición de Festus que investigó el origen de los pelignos a partir de una colonia iliria que abandonó Yugoslavia bajo el liderazgo del rey Volsinus, deben haber descendido, como los otros pueblos, de la rama itálica denominada umbro-samnita. En realidad, siempre hubo relaciones muy cercanas entre los pelignos y los samnitas quienes compartieron las costumbres y la religión.

Sin embargo, no se puede ignorar a Ovidio quien dice que Sulmona fue fundada por Solimus de Frigia, mientras que Silio Itálico atribuyó origen dárdano a su fundador lo que confirmaría la tradición de que frigios e ilirios tuvieron participación para establecer un asentamiento primitivo en la región peligna. No obstante, la migración de los ilirios no contradice el verdadero origen sabélico de estos antiguos habitantes dado que los umbros -antepasados de los sabinos- fueron quizá ilirios o, posiblemente, una colonia iliria que se desplazó hacia el sur y se fusionó con ellos.

En cuanto al nombre de pelignos, algunos historiadores consideraron que derivaba de un lugar que ya estaba destruido antes de que comenzara la historia documentada o de la antigua Palenum de la que permanece la pequeña población de Palena, mientras que otros ubican la antigua capital peligna en San Pelino.
Dejando de lado las cuestiones etimológicas del nombre de su capital originaria que es imposible de localizar tanto geográfica como históricamente, algunos derivaron el nombre de la naturaleza fangosa del suelo, especialmente en el bello valle de Sulmona; aunque esta derivación es inaceptable debido a que no hay ninguna influencia griega en el territorio o en el origen de los pelignos.

Otros intentaron encontrar el origen de este nombre en el antiguo lugar de los pelignos y supusieron que provino de pela que en lengua macedonia significa roca o piedra e inclusive otros supusieron que provino de Beleno o Belino; es decir, Apolo o el sol venerado en Aquilea por los armóricos y en Nórica de lo que derivó la veneración a la diosa Pelina compartida por los pelignos y los frentanos.

Lo cierto es que los pelignos también rindieron culto a Júpiter Paleno o Pelino y quizá los ilirios aplicaron este nombre a las rocas de la región donde se asentaron y expresaron este culto a la diosa Pelina y a Júpiter Pelino; consecuentemente, del nombre original pelini, que significa habitantes de los territorios montañosos, con un cambio de pronunciación fueron denominados pelignos.

Cualquiera sea su origen o la etimología del nombre, parece que de todos los pueblos de la raza umbro-samnita, famosos por su valentía y bravura considerando su comportamiento con los romanos, primero como enemigos, luego como aliados y, finalmente, en la Guerra Social para obtener los derechos de los pueblos autónomos y de los ciudadanos romanos, los pelignos superaban en destreza militar a todos sus colindantes y quizá ésta fue la razón por la que Corfinium, su capital, fuera elegida como el centro de la citada guerra.

La nación peligna, circundada por montañas, estaba formada por tres grupos diferentes de pueblos: los corfinenses, los sulmonenses y los superequanos. Cada población tenía su territorio individual. Aparte de las principales ciudades de las cuales derivó el nombre de los tres grupos, había muchos caseríos, de acuerdo con las costumbres de todos aquellos habitantes de los territorios montañosos. La unión de estas tres poblaciones produjo la confederación peligna tan notoria en la antigüedad por su fortaleza y valor, tanto que Plinio los denominó los más fuertes; en tanto que Silio Itálico escribió :

"Se agrega el indómito peligno, quien desde la gélida Sulmona
conduce hacia la conquista las legiones romanas."
(Libro VIII, 508-509)

Su estructura política se basaba en la libertad y no difería de la organización de los samnitas y de otros pueblos de los Abruzos. Cada distrito se desempeñaba separadamente del otro en cuanto a sus economías se refiere y los jefes se elegían entre los más fuertes de la población. La confederación estaba facultada sólo cuando era necesario arribar a decisiones comunes: declarar la guerra o defenderse contra una agresión; no obstante, nada se conoce de sus procedimientos internos, excepto por lo que se incluye en la historia de Roma puesto que los historiadores romanos no se interesaban en registrar la gloria de otros pueblos, sino en mostrar el surgimiento de su propia nación.

La primera vez que se encuentra a los pelignos en el campo de batalla es cuando, luego del renombrado enfrentamiento entre romanos y samnitas cerca de Suessola en el año 412 desde la fundación de Roma, muchos pueblos itálicos atemorizados piden la paz; entre ellos, los faliscos y los latinos quienes luego trasladaron sus ejércitos desde el territorio romano al de los pelignos pero fueron derrotados. En 445 a.u.c. los pelignos y los marsos se unieron a los samnitas contra Roma y fueron derrotados por el cónsul Fabio . No se conoce si hubo más guerras con sus colindantes debido que no hubo ninguna vinculación con los romanos y, por lo tanto, los historiadores no mencionan hecho alguno. Sólo se sabe que cuando se anunció la derrota de los ecuos en 449 a.u.c., los pelignos, junto con los marsos, los marrucinos y los frentanos hicieron un aparente tratado de defensa con Roma.

A partir de ese tratado comienza el segundo período de la historia de los pelignos en el que a menudo se asociaron a los romanos, especialmente en las dos afamadas Guerras Samníticas y en las Guerras Púnicas. Livio dice que en 457 a.u.c., cuando los samnitas fueron derrotados por Decio, a un grupo de prisioneros se le permitió escapar pero fueron ultimados al cruzar el territorio de los pelignos. También acota que no aceptaron las recompensas y la amistad prometidas por Aníbal, de modo tal que el líder africano, al atravesar su región, causó enorme daño y retornó más tarde cuando, con intención de engañar al general romano Fabio, fingió que estaba pasando de Samnio a Roma pero sólo se trasladó hasta el territorio de los pelignos donde saqueó y destruyó otra vez.

Finalmente, en el año 663 a partir de la fundación de Roma, comienza el tercer período cuando los prósperos pelignos se rebelaron contra Roma en demanda de ciudadanía y se unieron a la conocida conspiración organizada por los marsos denominada Guerra Social o Mársica. En ese momento Corfinium fue elegida como capital común de los pueblos aliados y lugar general de encuentro. En aquella ocasión Corfinium fue denominada Italia tal como todavía puede leerse en las inscripciones hechas en las monedas de la época y establecida como la capital de la nueva república italiana que querían fundar. Los rebeldes organizaron un senado con 500 senadores, todos hombres aristocráticos y consejeros respetables para la seguridad de la república. Cada dos años habrían de elegirse dos cónsules entre ellos. La conclusión de esta guerra es bien conocida: Floro exageró la rebelión al decir que fue mucho más desastrosa que las Guerras Púnicas; por lo tanto, los pueblos itálicos obtuvieron la ciudadanía romana y fueron asignados a tribus nuevas. Los pelignos, en particular, a la tribu sergia por Lex Pompeia.

Surgieron nuevamente en el momento de la guerra civil entre César y Pompeyo cuando Corfinius fue ocupada con veinte batallones por Domicio Enobarbo, reunidos principalmente entre los marsos y los pelignos. De manera similar a otros pueblos de las montañas, los pelignos mantuvieron su sentimiento nacional durante largo tiempo. Mucho después de que habían comenzado a ser considerados ciudadanos romanos y en la guerra civil entre Vespasiano y Vitelio , se alinearon con el primero. Esta es la última información que se encuentra en la historia; aunque muchos geógrafos los describen como un pueblo independiente.

Administrativamente, Augusto los incluyó en la cuarta región y, en tiempos romanos, en la división final de esta parte de Italia, su territorio fue incluído con el de los marsos en la provincia denominada Valeria.

Al parecer, los pelignos tenían solamente tres grandes ciudades: Superequum, Corfinium y Sulmona. A lo largo del río Aterno, donde su región limitaba con el territorio de los marsos y de los vestinos, se encontraba Superequum. Plinio denomina superequani a sus habitantes porque estaban ubicados en una planicie superior (Super aequum) con relación a los corfinienses y los sulmonenses que ocupaban, en cambio, un territorio más bajo.

No se conoce nada más de los superequani, excepto que una parte de su territorio fue entregada a una colonia romana y dividida entre los veteranos por orden de Augusto. De las inscripciones encontradas es claro que Superequum se encontraba cerca de Castelvecchio en un sitio que en la actualidad se denomina Subequo ubicado a una corta distancia del río Aterno -exactamente en la planicie de Macrano- donde pueden hallarse ruinas de muros, edificaciones y tumbas.

En el estrecho cañón de Forca Caruso, a lo largo de la frontera entre los pelignos y los marsos, los superequani construyeron un arco de piedra en honor a Livia Augusta. Este arco se menciona en la vida de San Rufino y ese estrecho pasaje, cañón atemorizante en invierno, aún hoy se denomina "all'arco".

Partiendo del arco de Livia, a 11 kilómetros de Corfinio, se encontraba Statulae, un caserío que dio nombre a una estación de vía Valeria donde estaba situada. Parece que surgió cerca de Goriano Sicoli sobre las empinadas montañas a través de las que alguna vez pasó el antiguo camino donde hoy una moderna carretera vincula Forca Caruso y Pentima. Las abundantes ruinas de muros y una inscripción llevan a creer que Statulae, cuyo origen se desconoce, puede haber tenido alguna importancia.

Sólo Estrabón menciona a Cuculo como una población de los pelignos cercana a vía Valeria después de Carseoli y Alba Fucense donde hoy se encuentra Cocullo sobre las montañas que separaban a los pelignos de los marsos.

La ciudad peligna más notable fue, sin duda, Corfinio, su capital. Un centro opulento e importante para todos los ancestros, tanto por su posición como por la fortaleza de sus muros y de su territorio. Se la consideró el emblema de la libertad itálica en la época de la Guerra Social y se erigía cerca de la actual Pentima.

A unos 11 kilómetros de Corfinio los pelignos poseían otra famosa ciudad: Sulmo, actualmente Sulmona, que dominaba la tercera parte del territorio peligno. Algo más alejada Pacino, hoy Pacentro, de la que no se sabe si fue un gran centro o un caserío. En el territorio de Sulmona también existía la aldea Fabia, fuera de la vía Claudia, donde hoy está Popoli. Finalmente, a 11 kilómetros de Sulmona y sobre via Numicia había una mansión denominada Jupiter Palenus.

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